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Thursday, September 20, 2007

Los Beverly de Guanajuato

Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
20 de septiembre de 2007
www.eluniversal.com.mx

Desde enero de 2004 escribí aquí mismo que “creen que todo lo merecen por haber logrado la hazaña democrática del 2 de julio de 2000. De ahí su comportamiento de nuevos ricos frente a los cuales aquella simpática familia de los Beverly eran unos monjes cartujos”.

Y es que desde entonces “la pareja presidencial” que padecimos el sexenio anterior ya apuntaba para lo que es ahora: un par de cínicos y desvergonzados que presumen sin la menor pizca de pudor una inmensa fortuna amasada desde el poder máximo en este país. Tal como se muestran ahora en la portada y 13 páginas más de la revista Quién. Todo un documento que en sí mismo sería prueba suficiente para iniciar una investigación de esta riqueza grosera y ofensiva para todos los mexicanos. Cada fotografía muestra lo inocultable: una mansión que no tienen siquiera los grandes magnates; el lago artificial, la alberca, los grandes espacios interiores, el lujo dispendioso; el ganado, los vehículos y la ostentación en decorados y mobiliario. Una muestra total de estulticia. Un desplante ranchero de impunidad. ¡Y qué! Parecen retarnos Vicente y Marta. ¡Y qué! Parecen burlarse de todos y cada uno de nosotros.


Aunque en realidad ni la riqueza ni la arrogancia son nuevos. Ya desde agosto de 2005 Anabel Hernández y Areli Quintero documentaron en un libro un sinfín de pruebas sobre la acumulación dolosa de esta riqueza explicable: de las obras faraónicas en los dos ranchos de los Fox Sahagún; las trácalas para despojar de grandes extensiones de tierra a los ejidatarios de los alrededores y los gustos güichodominguezcos de quienes se acaban de ganar el premio mayor.


Y eso que lo de Quién es nada más el rancho de San Cristóbal, me precisa ahora Anabel. Falta el otro, el de La Estancia, donde refulgen cientos de hectáreas de agave azul; donde pastan centenares de cabezas de ganado de alto registro; donde trotan decenas de caballos pura sangre; donde los Fox Sahagún se hicieron construir una réplica de la cabañita acogedora de Los Pinos, para no extrañar. La misma cuya remodelación costó en su momento 60 millones de pesos. Añádase el valor de El Tamarindillo, toda una bahía que los Fox se agandayaron en Michoacán y el rancho San Cristóbal cuyas puertas ahora “nos abren”. Y el costo que alcanzará el Centro Fox, que dejará en changarros a los centros Carter y Clinton y que también está descrito en la revista con una explanada para 3 mil asistentes, un auditorio para 500 personas y una biblioteca con 25 mil volúmenes. Todo, propiedad de quien no ha leído un libro en su vida y su peculiar esposa.


Esta es la incalculable acumulación de capital que Vicente Fox y Marta Sahagún nos están restregando en la cara a usted y a mí. Y no es un asunto menor. Tampoco un episodio más de frivolidad y mal gusto. Se trata en cambio de un gigantesco monumento a la corrupción y a la impunidad.


La explicación y defensa que el propio Fox hace sobre su desmesurado patrimonio lo describe sin necesidad de adjetivarlo: “Aquellos que dicen que esta propiedad es producto de la Presidencia tendrán que comer chicharrón”. De cualquier modo miente. Cuando asumió la candidatura al gobierno de Guanajuato estaba quebrado y sólo desde el poder empezó a recuperarse. Cuando vino la Presidencia, Fox con la asesoría de Marta Sahagún, los trucos al estilo Vamos México y disponiendo de la complicidad de todo su gobierno panista, comenzó a atesorar la fortuna de que ahora presume. Siempre fue un abusivo. Durante su mandato fue el único mexicano que vio aumentar su sueldo en 57%. De 106 mil a 167 mil pesos. Pero ni ahorrando todo lo que ganó se podría justificar su obscena riqueza.


Este es un insulto a todos y más todavía a los pobres. Pero es también un alarde con un propósito muy claro de Fox y Sahagún: demostrar que todavía son poderosos e intocables. Por eso él todavía se hace llamar “presidente”. En desafío abierto al actual gobierno.


Un caso que debe brincar de las páginas de sociales al Congreso, donde habría de crearse una comisión que investigue a los Fox y a toda su parentela. También, por cierto, un asunto de justicia que podría significar la legitimación que alguien anda buscando. En resumen, que Fox regrese... ¡pero lo que se llevó!

ddn_rocha@hotmail.com

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Monday, April 02, 2007

Hipócritas

Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
02 de abril de 2007

Hoy estamos viviendo uno de los debates mas absurdos y vergonzosos de que se tenga memoria. El aborto ha venido a polarizar todavía más a una sociedad ya de por sí confrontada por el 2 de julio y sus secuelas de rencores y odio: de un lado, quienes defienden el derecho a la vida de miles de mujeres que cada año mueren en este país por criminales abortos clandestinos; del otro, los que invocan la religión para condenar y hasta excomulgar a quienes pretenden despenalizar el aborto.

Un debate que, por supuesto, está ideologizado y partidizado: acá, priístas, perredistas y organizaciones no gubernamentales de centro-izquierda exhibiendo los extremismos del partido en el poder; enfrente, el PAN, el gobierno, la jerarquía católica y anexos desgarrándose las vestiduras pero intentando demostrar quién manda en este país.

Los argumentos por la despenalización son contundentes: es un gravísimo problema de salud pública con graves consecuencias individuales, sociales y hasta económicas para la nación; nadie puede imponerse al derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad; hay un cúmulo de argumentos científicos que descartan que antes de las 14 semanas de embarazo se pueda hablar de un ser humano integral; aun filósofos y teólogos como Hans Kung -de reciente visita en nuestro país- han afirmado que el embrión en esa etapa no puede ser todavía considerado como persona, que el aborto beneficia a las mujeres más pobres y que la Iglesia debería tener una posición de misericordia, porque oponerse al aborto no es una actitud cristiana.

Simultáneamente, se ha dicho una y otra vez que esta ley -ahora a discusión en la Asamblea- no obliga ni sugiere a la madre a abortar,; simplemente eliminaría las penas a quienes lo hagan. En sentido contrario, los "argumentos" son absolutamente insostenibles y se limitan a las mismas cantaletas moralinas de siempre: estar en favor de la vida; defender la existencia de inocentes o el súmmum de la nueva filosofía chespiritense de la derecha: "abortemos la ley, no la vida". Las "razones" no se quedan atrás: "habrá violencia", amenaza el cardenal Rivera; "habrá sangre", desafía el señor Serrano.

Pero lo peor para voceros y vocingleros antiaborto es que no hay uno solo que tenga calidad moral para defender una postura de seudoética pública. Y es que están contra el aborto los panistas que jamás se han molestado en protestar por Aguas Blancas, Acteal o las muertas de Juárez; que no han hecho gestos con sus alcaldes asesinos como el de Atizapán; que encubrieron el fraude de 30 millones del ya mencionado provido Jorge Serrano Limón; que ahora comulgan con don Norberto, quien está indiciado en Los Ángeles por proteger al cura Aguilar, quien afirma que "es una exageración decir que violé a 90 niños". Los mismos panistas que tienen como gurú espiritual al padre de todos los pederastas Marcial Maciel, al que el Vaticano tuvo que encerrar porque es un sujeto de alta peligrosidad.

Así, pues, con qué cara los panistas y los jerarcas católicos nos pueden hablar de caridad cristiana. Si vienen de una Iglesia que empareda por miles los fetos en los muros de sus conventos; que masacró a los cátaros porque querían regresar a la austeridad de Jesús; que sólo en los últimos 50 años y nada más en Estados Unidos ha sido acusada de más de 10 mil abusos sexuales contra niñas y niños por parte de 5 mil de sus sacerdotes, por lo que ha tenido que pagar casi 700 millones de dólares en indemnizaciones. Si en México se abrieran las denuncias, también sumarían miles.

Lo grave es que la larga agonía de esas violaciones y luego la destrucción en vida de la existencia de esas víctimas jamás ha provocado el menor rechazo o protesta de quienes ahora se asumen hipócritamente como defensores de la moral y las buenas costumbres.

En suma, si la mayoría en la ALDF se deja intimidar y amedrentar por los nuevos inquisidores malhechos, habremos retrocedido siglos de historia. Ahora sí se aplastaría el estado de derecho.

No puede ni debe haber titubeos en un acto de estricta justicia.

ddn_rocha@hotmail.com

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Tuesday, January 02, 2007

El "síndrome Marlboro"

Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
18 de diciembre de 2006


Nunca falla. Puede usted ponerlo a prueba una y otra vez. Pregunte en alguna de estas reuniones familiares o de oficina a todos los comensales congregados a la mesa. La votación siempre será mayoritaria: ¿Cuáles creen que son los cigarros de mayor venta en México? ¡Ah, pues los Marlboro!

Y es que me atrevo a afirmar que ustedes que me leen o me escuchan son -en su gran mayoría- de clase media o alrededores. De tal suerte, nuestra percepción favorece a esta marca, aunque no ignoramos la existencia de otras más baratas en el mercado. Pero el síndrome Marlboro se acentúa notablemente en las clases media-alta y alta: los que cambian de coche mínimo cada dos modelos; que gozan de membresía en algún gym de catego; que se echan un viajecito -Las Vegas, mínimo- más o menos cada año; que cuentan por lo menos con un par de restaurantes donde los reconocen en la entrada; que -por supuesto- tienen una buena chamba en el gobierno, la IP o ya de perdis la banca o alguna casa de bolsa; los que se sienten privilegiados si El Divino o Cabal Peniche los saludan aunque sea de lejecitos; los que ya la hicieron si alguien del gobierno entrante les echa un lazo aunque sea a través de interpósita persona.

Bueno, en estos predestinados el síndrome Marlboro -ya de por sí enfermizo- se manifiesta crónicamente. Es muy simple: no más no pueden concebir que alguien pueda fumar otra cosa; en todo caso unos Camel o ya te vas para arriba con unos Virginia Slims para las chavas o unos Dunhill para los hombres.

Lo malo para unos y otros es que el mundo Marlboro no es como lo perciben. Si bien es el cigarro de mayor venta -tiene 27% del mercado en sus diversas modalidades-, no es de ninguna manera el único. Resulta que hay muchas otras marcas que dominan en otros segmentos de la población y que suman mayoría en siete de cada 10 mexicanos, es decir, 70% de la población que no vive en el Marlboro Country. Ahí les van algunas de las más populares: Baronet, Broadway, Dalton, Montana, Fiesta, Del Prado, Boots, Elegantes, Argentinos y los inigualables y mexicanísimos Delicados. La mayoría absolutamente desconocidas para los privilegiados.

Pero lo más grave es que ese 30% de suertudos no sólo no miran jamás sino difícilmente voltean a ver a esa contundente mayoría. Apenas conocen al resto del país: México visto desde las ventanillas de jets privados y aviones comerciales; la nación dirimida en salas de juntas, una pantalla de internet o en el mejor de los casos un antro de moda. Cuántos de los que padecen el síndrome Marlboro se han subido alguna vez al Metro. Cuántos saben en qué consiste una ONG. ¿Alguno habrá participado en una manifestación popular? ¿Hay quienes desde esas alturas socioeconómicas se hayan atrevido a conocer y caminar esos molestos cinturones de miseria que sólo se ven al despegar o aterrizar? O que se hayan detenido -aunque sea por curiosidad- una sola vez a conocer un pueblo o ranchería entre dos ciudades de las que sí valen la pena. Quién le ha visto el rostro a la miseria. No.

En definitiva el síndrome Marlboro ejemplifica la coexistencia de estos dos Méxicos paralelos pero distantes y distintos el uno del otro. Dos realidades brutalmente opuestas que se vieron las caras -y a veces también las fauces- en la elección presidencial de este 2006. Dos países diferentes. Casi dos planetas diversos. Que siguen sin escucharse a pesar de un lenguaje común.

Y es que va más allá de eso. Se trata de un desentendimiento profundo entre ambas concepciones del mundo y el país. De dos maneras de vivir la vida entre quienes tienen mucho y sus comparsas que ahí la llevan frente a quienes tienen muy poco, y aun teniendo cargan con la pesada cruz de un México profundamente injusto y frecuentemente violento. La nación, de tan confrontada en estos largos meses de odio y amenazas, se encuentra también dividida y rabiosa. Ojerosa y cansada. Exhausta y a punto del colapso. Menos mal que ya termina este año fatídico para la convivencia. Un lapso que habrá de quedar marcado por la injuria, la diatriba y la intolerancia.

Un año en que aquellos de los Faros, los Carmencitas, los Alas y los Tigres -que a veces rugen- estuvieron a punto de lograrlo.

P. D. Gracias Juan Ramón de la Fuente por defendernos a todos. Los dejo descansar. Espero reencontrarnos el lunes 8. ¡Felicidades!

ddn_rocha@hotmail.com

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Monday, December 04, 2006

Punto final

REFORMA
Denise Dresser

Un arranque atribulado. Una toma de protesta accidentada. Un gobierno que se abre camino entre vallas y gritos y protestas y reclamos. Una transmisión truculenta de poder que la televisión ignora y los conductores insisten en maquillar. Un país donde 42 por ciento de la población piensa que hubo fraude y 66 por ciento ve a México estancado o en retroceso. Donde el triunfalismo de unos coexiste con el agravio de otros. Ante esa realidad que será necesario reconocer en lugar de minimizar, Felipe Calderón ofrece "poner punto final a los desencuentros".

Y qué bueno que lo haga, pero habrá que exigirle más porque México necesita algo mejor.Para gobernar con éxito y sin dobleces, el nuevo Presidente deberá encarar el origen de esos desencuentros: las razones por las cuales México ha sido un país tan mal gobernado durante tanto tiempo. Tan mal lidereado a lo largo de demasiadas décadas. Tan mal administrado por quienes se llaman representantes de la población, pero se dedican a ordeñarla.

A eso habrá que ponerle punto final; al gobierno como botín compartido por quienes aterrizan en él y lo comparten con sus cuates; al gobierno como circulación de élites que promueven intereses particulares por encima del interés público.

Punto final a aquello que Pedro Ángel Palou advierte en su luminosa novela sobre Emiliano Zapata: "la ignominia de quienes teniéndolo todo no pueden permitir que quienes no tienen nada vivan un poco mejor".

Punto final al gobierno que ha permitido la concentración de la riqueza y no ha procurado, de manera decidida, distribuirla mejor. Al gobierno que ha mantenido reglas del juego económico en beneficio de pocos y en perjuicio de muchos.

Punto final, sí, al capitalismo de terreno desnivelado que ha producido más multimillonarios en México que en Suiza: 10 según la lista más reciente de la revista Forbes. Al privilegio de las "posiciones dominantes" en el mercado con cargos desorbitados para el consumidor. A quienes han construido sus fortunas en sectores donde la competencia es baja o inexistente. A quienes han sido rescatados por el gobierno, pero no le han pagado los impuestos que les correspondería.

Punto final a quienes, como el señor Slim, se erigen como "campeones nacionales" de la economía, pero en realidad obstaculizan su modernización.

Punto final al gobierno cómplice, al gobierno comparsa, al gobierno que gobierna chantajeado por los medios y no vigilado por ellos.

Punto final al gobierno que da "decretazos", eliminando el 12.5 por ciento del tiempo oficial de acceso gubernamental al espectro radioeléctrico, en beneficio de las televisoras.

Punto final al gobierno que guarda silencio ante la toma del Canal 40 por parte de TV Azteca, y cierra los ojos ante las múltiples ilegalidades incurridas por su dueño, Ricardo Salinas Pliego.

Punto final a la práctica de aprobar leyes a modo, en cinco minutos, con cero votos en contra, cero abstenciones, como se aprobó la Ley de Radio y Televisión.

Punto final a senadores panistas que se doblegan ante las televisoras en vez de regularlas mejor. Y sí, punto final al gobierno que contribuye a crear monstruos para después acabar acorralado por ellos.

Punto final a la complicidad de funcionarios públicos que en vez de desmantelar ese andamiaje de privilegios y amparos y protección y discreción, lo hacen posible. Como Pedro Cerisola -ex empleado de Telmex- que según un reportaje de The Economist, le pasa los planes de negocios de la competencia a su antiguos jefes. Como Héctor Osuna -nuevo presidente de la Cofetel- que cabildea la Ley Televisa para después ser recompensado con su puesto por ello. Como Emilio Gamboa y su iniciativa -largamente platicada con Kamel Nacif- para "hacer el juego" desde el Hipódromo.

Punto final a los puestos públicos como asientos para la acumulación privada; como curules para el clientelismo; como recintos para la rapacidad.

Punto final al gobierno que solapa la impunidad en lugar de erradicarla. Que tolera la corrupción en vez de combatirla. Que permite el tráfico de influencias en vez de exigir su eliminación. Que deja a la deriva asuntos como Amigos de Fox y Pemexgate y Arturo Montiel y Carlos Romero Deschamps y los bonos sexenales a los sindicatos y muchos más. Que permite todo aquello que se le atribuye a los hijos de la señora Sahagún: las licitaciones amañadas, los contratos obtenidos, las aduanas arregladas, los negocios hechos bajo la protección del poder.

Punto final a quienes entran al gobierno y aprovechan su paso para enriquecerse con él.

Punto final al gobierno que usa mano firme en Oaxaca pero la dobla ante los criminales de cuello blanco. Ese gobierno que habla del Estado de Derecho como si existiera, pero sólo lo defiende de manera discrecional. Ese gobierno que instrumentaliza las leyes conforme a criterios políticos y las ignora cuando le conviene hacerlo. Ese gobierno que promueve medidas tan contraproducentes como el desafuero y desatiende violaciones a la Constitución tan evidentes como los monopolios.

Punto final a las instituciones que se vanaglorian del Estado de Derecho mientras al mismo tiempo lo manosean.

Punto final, pues, al gobierno que no actúa como tal. A quienes gobiernan en nuestro nombre pero en realidad lo hacen para bien del suyo. Que no hablan por nosotros sino por ellos. Que no legislan para beneficiar a las grandes mayorías sino para subsidiar a las atrincheradas minorías. Que crean fideicomisos para ocultar lo que tienen la obligación ética de revelar. Que privatizan bienes públicos sin regular de manera eficaz cómo serán utilizados por concesionarios privados.

Punto final a esas prácticas reiteradas, a esas reglas equívocas, a esa forma de ejercer el poder que lo deslegitima.

Punto final a esa manera de gobernar que en lugar de unir al país, acrecienta su división.Y México sólo será un país ganador -como promete Felipe Calderón- cuando en él haya menos perdedores. Menos personas "hartas de estar hartas" como dice el Zapata de Palou. Menos mexicanos obligados a diluir la esperanza, a cruzar la frontera, a marchar en las calles, a vivir con la palma extendida, a gritar porque piensan que nadie en el gobierno los escucha. Para que eso ocurra va a hacer falta que las personas más conscientes dejen de ser las más corrompidas. Va a hacer falta que el gobierno entienda la tarea fiduciaria que le toca: no defender a los "pacíficos" de los "violentos", sino defender a los ciudadanos de quienes son sus verdaderos enemigos: los políticos y los empresarios y los funcionarios que exprimen al país y contribuyen a frenarlo. Ante ellos va a hacer falta un imperioso "punto final".

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Thursday, November 30, 2006

Fox, Maquiavelo y el engaño

REFORMA.
Lorenzo Meyer

Al final, en México hubo un cambio de partido en el poder, pero se mantuvo el espíritu y el proyecto del pasado


Juicio

Al final, el partido en el poder ya es diferente pero no el espíritu ni el proyecto dominante. Al final, quedó claro que la prioridad del gobierno de Vicente Fox fue consolidar el dominio de la derecha ideológica, no la democracia.

A ocho días de acabar su periodo, Fox declaró que esperaba confiado "el implacable juicio de la historia". Sin embargo, ese juicio no existe, lo que hay son una variedad de juicios elaborados por observadores y estudiosos, una pluralidad de opiniones en torno a su persona, su gobierno y su papel histórico. En el arranque tales expresiones tendrán un carácter acusadamente polémico, contradictorio y crispado, reflejo natural del desorden administrativo, de la gran confrontación política y de la aguda división social que ha dejado el guanajuatense al concluir su mandato.
Aun cuando el observador debería guiarse por la objetividad, desafortunadamente, en el estudio de los fenómenos sociales la objetividad plena no es posible, y menos cuando se está tan cerca
de los acontecimientos en el tiempo y el espacio.


Perspectiva

Fox y su obra pueden ser dictaminados desde múltiples ángulos: personal, económico, administrativo, jurídico, social, cultural, político, etcétera. El que aquí se intentará será político
y en sentido propuesto por Otto von Bismarck en 1867, al definir a la política como "el arte de lo posible". Desde esta perspectiva, el Presidente no estaba obligado a lo imposible, pero sí a poner
todo su empeño en alcanzar, dentro de lo posible, lo prometido: consolidar una democracia duramente ganada. En vez de dedicar el grueso de su energía a este propósito, lo empleó en impedir, a como diera lugar, que la elección del 2006 abriera la puerta de la alternancia a la izquierda.


La coyuntura histórica

Con la elección de Fox la sociedad mexicana logró no sólo un cambio de gobierno sino de régimen político, pues al acabar con el monopolio de 71 años del PRI sobre la Presidencia, se operó una transformación en las viejas reglas que regían la adquisición, el ejercicio y la pérdida del poder político. México pasó del autoritarismo a un sistema plural y supuestamente democrático.
El origen de tal cambio fue la combinación de transformaciones en el entorno mundial -el fin de la Guerra Fría y del anticomunismo más el surgimiento de la "tercera ola democrática"-, mudanzas estructurales en la sociedad mexicana -urbanización, educación, acceso a la información, rechazo creciente a los abusos del autoritarismo priista, etcétera-, el esfuerzo de un buen número de actores colectivos e individuales -el neopanismo, el neocardenismo y el neozapatismo, entre otros- y, finalmente, el papel de Fox como líder de una oposición conservadora pero cargada de optimismo, energía... y simplismo.


El simplismo como engaño

El antiguo administrador de Coca Cola convertido en candidato presidencial encabezó una ola de insurgencia electoral con una estrategia distinta de la inmediatamente anterior -la de 1988- y muy acorde con su experiencia y formación en el arte del "marketing". Fox se vendió a sí mismo y al proceso de cambio como la respuesta fácil a un problema difícil. Una buena parte de la sociedad mexicana compró la idea de que si el cambio de régimen se hacía por la derecha el proceso sería sencillo, rápido y seguro. Como candidato, el guanajuatense proyectó la imagen del líder decidido que sin problemas sacaría al PRI de "Los Pinos" sin tocarle un pelo a la estabilidad política o económica. Una Presidencia no priista y "de empresarios para empresarios" aseguraría honestidad personal, transparencia de gestión, libertad de expresión, crecimiento económico,
empleo, guerra a la corrupción, justicia real, nuevo trato con Estados Unidos, mejoras en la distribución de la riqueza, baja en la pobreza, arreglo rápido del conflicto en Chiapas, combate
efectivo al narcotráfico y al resto del crimen organizado, impondría un alto al deterioro ecológico y muchas cosas positivas más.


Maquiavelo

Hace ya casi cinco siglos que Nicolás Maquiavelo dejó en claro que en política no había nada más difícil que lograr el arraigo de un nuevo régimen. Esa empresa siempre era una de un alto grado de dificultad porque tendría en contra a todos los desplazados por el cambio pero también a muchos de los aliados originales, insatisfechos al no recibir lo que esperaban. Justamente por ello el nuevo gobernante necesitaba también una ética nueva. Para el florentino, en esa coyuntura el objetivo -estabilizar el sistema en su conjunto- justificaba los medios. Y estos últimos eran todas las conductas reprobadas por la moral cristiana pero muy efectivas en política: la mentira, el engaño, la corrupción, la injusticia, el abuso del poder y la violencia, pues lo que en el
ciudadano eran vicios en el gobernante que encabezaba un nuevo régimen eran virtudes.

En el inicio, Fox parecía ser todo, menos un lector de Maquiavelo. Sin embargo, alguien debió de convencerlo de que, para asegurar que el cambio mexicano continuara por la derecha, él y los suyos deberían oír los consejos del gran teórico renacentista. Para un observador con sentido común era claro que la simplicidad de su "marketing" llevaba a un análisis erróneo de una realidad muy compleja, pero si finalmente el cambio prometido nunca se dio fue, para empezar, porque nunca se intentó. La meta no era el cambio sino sólo un objetivo mucho más limitado: lograr que la derecha ideológica desplazara a la derecha priista. Y eso sí se consiguió. La gran promesa política del foxismo fue dedicar todo su empeño a consolidar la recién adquirida democracia. Para lograrlo se debía estar efectivamente dispuesto a conducir en el 2006 una
campaña dominada por el espíritu democrático y respetar el veredicto efectivo de las urnas, incluso si eso implicaba ceder el poder al opositor.

Sin embargo, desde muy pronto en el sexenio se echó de ver que el verdadero esfuerzo desarrollado por "Los Pinos" se dirigía menos a profundizar y consolidar el cambio y más a
construir la candidatura presidencial de la esposa del Presidente, es decir, a lograr la prolongación de su poder personal más allá del sexenio. Para llevar adelante su empeño, construyó una alianza política con una de las fuerzas más importantes del no-cambio: Elba Esther Gordillo y su gran maquinaria corporativa: el SNTE.

El Presidente decidió concentrar lo que quedaba de poder en demoler no a los viejos intereses creados sino a la candidatura de la izquierda: la de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Y para ello eligió un camino obviamente tramposo pero aparentemente contundente en su resultado: negociar con el PRI el desafuero de AMLO en el Congreso para anular su
candidatura y no tener que confrontarlo en las urnas. Qué la razón formal de esa acción fuera ridícula -supuestamente no detener a tiempo la construcción de una calle para comunicar
un hospital- no importó a Fox ni a la coalición antidemocrática que ya había armado en defensa del "Estado de Derecho". Al final, no le fue posible a Fox mantener el desafuero y debió dar marcha atrás, pero su acción se tradujo en un debilitamiento del aparato institucional.

Finalmente, en el 2006 Fox mantuvo su empeño abierto por impedir el triunfo de una izquierda electoral. La energía que el gobierno no usó contra el narcotráfico, contra los grandes corruptos del pasado o para resolver otros males acumulados, la utilizó contra AMLO. Tan parcial fue su conducta que el propio Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación -una institución que también pecó de parcial- se vio obligada a declarar que el Presidente puso en peligro a la elección misma.


El fin justificó los medios

Al final, Fox ganó y él mismo así lo admitió en un acto de rara sinceridad al declarar que entre sus logros estaba el haber ganado "dos elecciones": la propia y la de su sucesor. En el antiguo
régimen era el artífice del "triunfo" de su sucesor pero se suponía que ése no sería el caso en el nuevo. En la medida en que Vicente Fox triunfó en el 2000, ayudó a abrir las puertas de la democracia electoral, pero en la medida en que él "ganó" la Presidencia para su sucesor, revivió uno de los peores aspectos del viejo régimen y contribuyó a erosionar la confianza en una democracia que aún necesita de consolidación.

Al concluir el El Príncipe, Maquiavelo justifica lo brutal de una ética política tan vieja como la humanidad como el único medio de sacar a Italia de su postración y dar a los italianos la posibilidad de vivir en paz y reconstruir la gran nación que alguna vez fueron. En nuestro caso, ¿cuál es la justificación histórica de Fox para haber seguido, quizá sin conocerlo, el camino
sugerido por Maquiavelo?

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Thursday, November 16, 2006

¡Al diablo con esos desfiles!

El abandono presidencial de celebraciones como las del 1o. de mayo o 20 de noviembre abre la oportunidad de darles una existencia auténtica o que pasen a mejor vida

Conmemoraciones incómodas

El primer desfile del que se retiró el presidente Vicente Fox en su papel de actor central y observador de honor desde el balcón de Palacio Nacional, fue el tradicional desfile del 1o. de mayo, ése de los trabajadores organizados. Ahora resulta que tampoco estará en el del próximo 20 de noviembre, con el que tradicionalmente la élite política del antiguo régimen celebraba los aniversarios de la Revolución Mexicana.

Hay que reconocer que con estas ausencias el primer gobierno del PAN es congruente con su esencia. En efecto, por su naturaleza, el foxismo no debería haberse prestado nunca a asistir y menos a organizar conmemoraciones masivas y corporativas que le ponen en aprietos al obligarle a confrontar la distancia que separa a los valores realmente vigentes en los círculos del gobierno y de quienes le apoyan -los de la derecha- con los que supuestamente se celebran en esas dos fechas, que finalmente son valores de izquierda: la resistencia proletaria y el levantamiento popular contra un gobierno oligárquico.


El cambio presidencial frente a las dos ceremonias mencionadas se da finalmente en el foxismo, pero en realidad ambas conmemoraciones ya habían perdido su sentido para todos los presidentes de la posrevolución. De hecho, el régimen del PRI murió sin haberse atrevido a cancelar unos desfiles sin alma, sin sentido real, porque no estuvo dispuesto a aceptar públicamente lo que todo el mundo sabía: que al menos desde el sexenio presidido por Miguel Alemán (1946-1952), los trabajadores organizados no tenían el respaldo de la clase política sino más bien lo contrario.

Si bien Alemán fue hijo de un no muy distinguido general de la revolución, él y su grupo pertenecían ya a la posrevolución, y en políticas como la agraria, eran los organizadores y garantes de una contrarrevolución. Para entonces, al inicio de la segunda mitad del siglo XX, la verdadera meta gubernamental era industrializar a un México aún rural como el mejor medio para crear una burguesía y en cuyo territorio clasista ellos -los políticos y sus familias- pudieran finalmente ser aceptados como miembros de tan exclusivo grupo. La carrera del propio Alemán es el mejor ejemplo del éxito de este empeño.

El grueso de los participantes en los desfiles de mayo y noviembre era básicamente masas sin entusiasmo formadas por la estructura corporativa creada por el PRI a fines de los 1930 para darse una gran base social. En el evento de mayo, el papel estelar correspondía a la CTM y, luego, al resto de los sindicatos que formaban el sector obrero del partido de Estado. En noviembre, la masa que desfilaba eran básicamente trabajadores de ese Estado y algunos deportistas verdaderos. En los dos casos había poco sitio para la espontaneidad, es decir, para ésa que se aprecia sin dificultad en conmemoraciones realmente populares, como las del 15 de septiembre o el 12 de diciembre.


Símbolo de identidad obrera

El 1o. de mayo quienes se identifican con las clases trabajadoras en todo el mundo rememoran tanto una tragedia, una injusticia, como un reclamo y una esperanza. En realidad fue el 4 de mayo de 1886, no el día 1o., cuando tuvo lugar un choque entre la policía de Chicago y los obreros de la McCormick Harvesting que exigían la jornada laboral de ocho horas. Al ataque policiaco alguien, nunca se supo quién, respondió con una bomba de dinamita y la policía -que tuvo siete muertos- abrió fuego sobre la multitud. Poco después, en 1889, el Congreso Internacional Socialista propuso que el 1o. de mayo -que coincidía con una vieja celebración primaveral de origen europeo y pagano- se recordara en todo el mundo a los "mártires de Chicago" y se celebrara como día del trabajo.

En México, el primer desfile del 1o. de mayo coincidió con el inicio de la verdadera Revolución Mexicana: 1913, cuando acababa de tener lugar el asesinato de Madero y se iniciaba la lucha contra el intento de dar forma a un régimen militar. En 1919, cuando ya estaba asegurado el triunfo del ala conservadora de la Revolución -el carrancismo- la CROM volvió a conmemorar la fecha pero el precio fue el encarcelamiento de algunos líderes. Sin embargo, cuando la alianza CROM-Obregón-Calles fructificó, permitió que la unión sindicatos-nuevo régimen no sólo celebrase en paz el desfile obrero, sino que en 1925 el presidente Calles fuera testigo de honor. Tras describir un gran arco temporal, esta celebración, no ya del "día del trabajo" sino de la alianza gobierno-sindicalismo oficial, llevaría a que en el 2000 el discurso de Ernesto Zedillo no encontrara eco ante 80 mil trabajadores obligados a escucharle y sólo los petroleros, que paladinamente admitieron haber sido pagados para la ocasión, lanzaran porras sin convicción, (Reforma, 2 de mayo, 2000).

Hoy, ya no con uno, sino con varios desfiles obreros, el 1o. de mayo mexicano tiene escenarios plurales, lo que queda de la estructura corporativa va por un lado y los sindicatos independientes, por otro. Por su parte, el presidente Fox decidió que el 1o. de mayo era una buena ocasión para mezclar los elogios a "las y los trabajadores" con otros para los empresarios como parte de una supuesta armonía que, según él, es la característica de una economía con "rostro humano", como la nuestra, (Reforma, 2 de mayo, 2004, 2005 y 2006).


La Revolución

El acto para conmemorar el inicio de la Revolución tuvo como origen una carrera de relevos en 1928, cuando el nuevo régimen estaba en medio de una crisis interna provocada por el asesinato del presidente reelecto Álvaro Obregón. Al año siguiente se efectuó el primer desfile -militar y deportivo- justo cuando acababa de nacer el partido de Estado en su forma de PNR. Para 1930 ese desfile quedó como ceremonia básicamente civil y deportiva, presidida desde el balcón de Palacio Nacional.

El elemento deportivo muy pronto se burocratizó. Y a partir de entonces cada año pasaban frente al balcón presidencial atletas bona fide junto con formaciones de empleados del sector público vestidos como deportistas y haciendo tablas gimnásticas al estilo de la Plaza Roja de Moscú, aunque con menor espectacularidad. Igual que las del 1o. de mayo, las formaciones del 20 de noviembre no eran más que otra manera de sacar periódicamente a la calle y bajo control, a parte de las masas corporativizadas que servía de soporte a un sistema autoritario.


La alternativa

No es justo reclamarle al panismo su nulo entusiasmo por celebraciones de origen popular y revolucionario. Obviamente es contra natura que la derecha celebre la rebeldía obrera o una revolución que puso fin a un "Estado de Derecho" oligárquico, como el porfirista. Es mejor que las celebraciones cívicas de mayo y de noviembre pasen por la prueba de la verdad, que surjan desde la sociedad misma y no desde el gobierno. Que sean producto de un impulso real de celebración o que pasen a mejor vida.

Sería injusto si no hubiera un empeño de al menos una parte de la sociedad actual por recordar los esfuerzos de esos miles de mexicanos que se organizaron bajo la dirección no sólo de Madero sino de Zapata y Villa y de muchos otros personajes menos conocidos pero no menos representativos de los reclamos del Estado llano como los Flores Magón, Pascual Orozco, Primo Tapia, Carrera Torres, Juan Banderas, Adalberto Tejeda y un etcétera muy, muy largo.

Si finalmente el 20 de noviembre sobrevive en la memoria popular, será porque el movimiento al que dio origen significó el esfuerzo colectivo más grande de los mexicanos por superar la enorme injusticia social que significó la estructura social edificada en la Colonia, refrendada en el siglo XIX y desmontada parcialmente tras años de guerra civil y miles de muertos.

Si el 1o. de mayo y, sobre todo, el 20 de noviembre no movieran, como el 2 de octubre, a grupos de la sociedad civil o a los partidos de izquierda a sustituir un desfile burocrático-deportivo por actos nuevos, auténticos o menos artificiales que los del pasado, entonces verdaderamente habría que preguntarse y preocuparse por las razones para que desaparecieran esos signos de identidad colectiva. El abandono presidencial de celebraciones como la marcada por el Plan de San Luis que llamaba a iniciar el 20 de noviembre de 1910, y a las seis de la tarde, un levantamiento armado contra el régimen de Porfirio Díaz, debería verse con gratitud por quien realmente considera que es necesario devolverle su esencia al recuerdo de la que es, según el profesor Friedrich Katz, una de las pocas revoluciones del siglo XX que aún conserva legitimidad y autoridad moral.


Lorenzo Meyer
Periódico Reforma
http://www.reforma.com.mx/
16 de noviembre del 2006

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Thursday, November 09, 2006

La verdadera desaparición de poderes

Es urgente determinar hasta qué punto el desorden actual es producto del foxismo y hasta qué punto del mal funcionamiento del sistema en general

Duda

¿Lo que hoy está en crisis en México es sólo el foxismo o también el sistema político? Obviamente el fin del sexenio abre posibilidades de cambio, pero en la medida en que el origen del desarreglo mexicano no se reduce a la Presidencia, el mero cambio de gobernante no resolverá el problema. Se requiere determinar hasta qué punto las insuficiencias que hoy muestra la vida pública mexicana no son problemas de una persona -Vicente Fox- sino de la estructura del poder y empezar a buscar la solución de fondo.


Oaxaca

En la actual crisis política oaxaqueña -una rebelión urbano-popular con pocos precedentes en la historia mexicana- han aflorado casi todos los problemas que hoy aquejan a nuestro sistema político, de ahí la importancia del caso.

La insurrección suriana se prolonga sin dar señales de abatimiento; hace ya tiempo que dejó de ser un hecho local y se transformó en manifestación de una patología nacional. Ya se llegó al punto en que ese complejo problema no se puede caracterizar sólo como el desvanecimiento de una estructura de poder local sino nacional. Sin embargo, lo más grave de los sucesos oaxaqueños no es la falla y descomposición de las instituciones sino la evanescencia de ese ánimo de optimismo y de confianza en el futuro colectivo que en el 2000 había traído consigo la victoria pacífica de las urnas.

En el sexenio que termina se perdió la posibilidad de un buen inicio de la consolidación de esa forma de vida política buscada desde el siglo XIX y por la que apenas ahora empezamos a transitar. En la actualidad, las encuestas y las movilizaciones nos dicen que una parte de la ciudadanía considera que se han violado las reglas democráticas que permiten dirimir civilizadamente las inevitables diferencias de intereses y de interpretación del proyecto nacional. Los desencantados pueden atribuir la responsabilidad de esta situación a la corrupción e incompetencia de los políticos y no les falta razón, pero el problema central es más serio: el mal funcionamiento de todo el entramado institucional.

El problema oaxaqueño es hoy el ejemplo más evidente de cómo los males estructurales heredados del viejo régimen aunados a la cortedad de miras, a la mala fe y a la ineptitud, transformaron un problema sindical y local en un embrollo que ya rebasó sus fronteras y que resume bien las contradicciones y defectos de líderes e instituciones para dar respuesta a las demandas de una sociedad pobre, muy desequilibrada en su estructura de clases, desconfiada del poder y agraviada por la conducta de las élites dirigentes. Por otro lado, Oaxaca también permite pensar que, pese a todo, aún no se ha perdido el impulso, desde abajo, de imaginar que es posible una condición colectiva mejor.


Cronología significativa

Como se sabe, el problema en la entidad suriana arrancó el 1o. de mayo con la predecible entrega de un pliego petitorio al gobernador por parte del gremio más organizado y mejor remunerado de esa entidad: los maestros de la sección 22 del SNTE. Ante lo que consideraron una respuesta insatisfactoria, los profesores iniciaron un plantón en la capital estatal. La situación, hasta ahí normal y predecible, dio un salto cualitativo con bloqueos, megamarchas y, sobre todo, el fracaso de la "solución de fuerza" que intentó el 14 de junio Ulises Ruiz, el gobernador priista.

El triunfo magisterial sobre la policía en la "batalla del 14 de junio" llevó a que otros descontentos con el gobernador -cuya elección se había efectuado dentro de la más pura tradición del PRI- se unieran a los maestros y constituyeran la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), una gran alianza entre la sección 22 del SNTE y numerosas organizaciones sociales y municipales irritadas por la forma discrecional como el gobernador manejaba la distribución de los recursos públicos. El 2 de julio Ulises Ruiz y el PRI oaxaqueño perdieron de manera espectacular las elecciones presidencial y legislativas. La autoridad estatal ya no pudo entonces llevar a cabo la emblemática Guelaguetza (la APPO organizó la Guelaguetza alternativa, la popular) y el proceso de evaporación de los poderes estatales se aceleró, lo mismo que la constitución de una especie de gobierno por asamblea popular de la ciudad de Oaxaca.

En agosto, la APPO asumió el control de estaciones de radio y televisión, bloqueó las entradas a la ciudad y levantó barricadas en su interior. Un paro organizado por la iniciativa privada para contrarrestar a la APPO no funcionó, tampoco funcionaron los disparos nocturnos ni los ataques esporádicos de gente del gobernador, aunque dejaron más de una docena de muertos. De nada sirvieron las reuniones convocadas por Gobernación, ni las amenazas del gobierno federal de recurrir a la fuerza. El Senado intervino sin conseguir otra cosa que el ridículo al concluir que en Oaxaca si bien había ingobernabilidad, los poderes formales no habían desaparecido y que Ulises Ruiz, aunque ya no gobernaba, podría seguir como gobernador.

Al concluir octubre, las autoridades federales finalmente decidieron mandar a la capital oaxaqueña 4 mil efectivos de la Policía Federal Preventiva (PFP). El gobernador pudo así regresar a la Casa de Gobierno y la Federación, en un intento por alejar a los maestros de la APPO, se comprometió a dar a los educadores de Oaxaca y del resto del país ¡42 mil millones de pesos a lo largo de los próximos seis años!Las acciones federales de fuerza y cooptación fueron hechas a destiempo. El retorno de los maestros a sus salones fue parcial y el 2 de noviembre, y tras siete horas de una fiera batalla campal en las inmediaciones de la universidad -piedras, gases, toletes, chorros de agua y químicos, bombas molotov, cohetones, heridos y prisioneros- una multitud de "appistas" obligó a la PFP a replegarse a sus bases en el centro de la ciudad.

El pasado 5 de noviembre, y mientras el gobernador apoyado por el PRI insistía en no renunciar, una APPO sobrada llevó a cabo una nueva megamarcha en su contra que contó con contingentes de fuera del estado; el gobernador contestó el día 7 con una contramarcha de sus partidarios, que sí existen. Oaxaca está tan dividida como el país. Como sea, hoy la demanda de los insurgentes ya no es sólo la renuncia del mandatario estatal sino la transformación radical de la estructura política local. Como bien notara The New York Times (4 de noviembre), en la antigua Antequera se vuelve a oír hablar de revolución, situación impensable apenas hace unos meses. Coronando el proceso, tres estallidos de bombas en el Distrito Federal que, según los grupos guerrilleros que los reivindican, son su respuesta a la acción federal en Oaxaca. El río sí que está revuelto.

Hace tiempo que los poderes locales formales perdieron su capacidad de hacerse obedecer en la antigua Antequera, pero algo similar pasó también con los poderes federales. La PFP sólo a medias ha restaurado el orden perdido en Oaxaca. La Secretaría de Gobernación no pudo sentar a las partes en disputa para proceder a una negociación efectiva. El Poder Legislativo, en donde el PAN necesita del PRI para iniciar su segundo sexenio en el poder, no tuvo la fuerza para ordenar la reconstrucción del poder oaxaqueño. La Iglesia Católica y los empresarios -los poderes fácticos- tampoco han sabido hacerse obedecer por la parte más popular de una sociedad en la que no hace mucho ellos mandaban.


En suma

El cuadro oaxaqueño hoy no es más que una expresión extrema del fracaso de la política que ha llevado a cabo la dirigencia de un régimen que se suponía destinado a regenerar la vida pública de México. En lo económico la inflación se mantuvo controlada pero no hubo crecimiento sustantivo ni combate a los monopolios. La competitividad disminuyó y la exportación de mano de obra a Estados Unidos se incrementó. La condición de pobreza se mantuvo en casi la mitad de la población. Las elecciones se hicieron -según la admisión del propio Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación- en condiciones de inequidad e ilegalidad y la oposición de izquierda respondió con un Presidente legítimo en contraste con el legal. El narcotráfico avanzó, la inseguridad y corrupción se mantuvieron, la relación con el exterior se deterioró, incluso con Estados Unidos.

El primer gobierno del régimen democrático mexicano resultó un proyecto fallido. Hoy la tarea es recuperar lo ganado en el 2000, empresa nada fácil dado el grado de encono que ya se ha generado y que ha creado el ambiente menos propicio para lo que es característico de la democracia auténtica: apego real a las reglas del juego, tolerancia y negociación efectiva.



Lorenzo Meyer
Periódico Reforma
9 de noviembre del 2006

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Tuesday, November 07, 2006

La herencia a Felipe

Peor imposible. Ni aun sus críticos más acérrimos podrían haberse imaginado un escenario más desastroso para el final de sexenio de Vicente Fox. Las imágenes de Oaxaca son la expresión de la rabia y el encono de muchos mexicanos contra su gobierno.

La ferocidad de los oaxaqueños no es gratuita. Corresponde primero a un gobernador repudiado por la inmensa mayoría a causa de su autoritarismo y abusos de poder. A esa simiente de coraje se añade ahora el rechazo absoluto a la intervención de la Policía Federal Preventiva enviada por Fox con una dedicatoria de odio y menosprecio.

El resultado es que el conflicto está peor que nunca. Los hechos en torno a la Ciudad Universitaria oaxaqueña sólo pueden anticipar muertos y sangre. Y la lucha se hará cada vez más rabiosa. A medida que aumenten las bajas en uno u otro bando los contendientes encontrarán más acicates para el rencor y la cólera. La espiral de violencia parece inevitable. El diálogo está roto y no hay señales de una pronta reanudación de las pláticas entre los insurrectos y el secretario Abascal, que nada ha podido hacer sino avalar el uso de la fuerza. Que, por cierto, se ha visto superada por los rebeldes.

Una vez más, mostraron su ignorancia e insensibilidad quienes, como el propio Vicente Fox, afirmaron que con el ingreso de la PFP y la reapertura de unas cuantas escuelas "la paz social ha vuelto a Oaxaca". Nada más falso. La tierra de Juárez vive sus peores días de las décadas recientes. Desgastada, exhausta, violenta, incierta y para colmo ahora dividida, fracturada por una confrontación abierta entre priístas y appistas, que es una dolorida batalla entre hermanos y un conato de guerra civil. Y en medio, el falso dilema de permitir que la inconformidad popular deponga a un gobernador repudiado o que, a pesar del rechazo de la población, Ulises Ruiz siga gobernando impunemente.

Mientras tanto, Fox se va a Uruguay a una Cumbre en la que ya no tiene nada que hacer y luego a Australia nada más para que su hijita pueda presumirle a sus amigas que papi es presidente. Es un irresponsable irredento. Le quedan menos de 30 días de gobierno y él los dilapida. Podría haber hecho por lo menos un intento de utilizar su investidura para ocuparse personalmente de la emergencia, para convocar y conducir el diálogo él, él, él.

En lugar de eso deja el tiradero y mete marcha atrás. Después de que durante semanas él y su vocero insistieron una y otra vez en que "con toda seguridad" el conflicto estaría solucionado antes del 1 de diciembre. Ahora se impuso la tesis de que Ulises debe llegar a como dé lugar a esta fecha porque si renuncia antes se tendría que nombrar a un gobernador provisional que debería convocar a elecciones que muy probablemente perderían los priístas. En cambio, si renuncia después del día 1 o pide licencia por dos periodos consecutivos, se nombraría un interino que cubriera los cuatro años que le restan al periodo de Ulises Ruiz. Lo que no están calculando es qué puede pasar en Oaxaca durante estos largos 25 días.

El empecinamiento por mantener, a como dé lugar, a este espécimen dinosáurico en el gobierno de Oaxaca obedece pues a intereses políticos que se han impuesto a la ética y la lógica. Y a los que se añade el juego de conveniencias entre el PAN y el PRI para que cuadren las sumas en el Congreso y conjurar la amenaza de no apoyar la asunción de Felipe Calderón el 1 de diciembre. Lo paradójico es que el todavía presidente electo ha quedado entre dos fuegos, pues la misma amenaza se la hace la APPO si Ulises no se va. Así que Calderón está convertido en un rehén del PRI gracias a las torpezas sin fin del gobierno foxista y a la ruindad de este gobernante mañoso y ahora envalentonado por el apoyo de las fuerzas federales que nadie, con un gramo de sensibilidad, puede ver como la solución definitiva a un conflicto ya tan podrido.

Por desgracia para el nuevo presidente, Oaxaca no será la única herencia de su antecesor. Pero será muy grave, porque lo obligará a apretar el puño desde muy temprano y porque el escenario de descomposición se está extendiendo a otros estados del país. Un mal augurio para cualquier comienzo.


El Universal
Ricardo Rocha
ddn_rocha@hotmail.com
Detrás de la Noticia
6 de noviembre del 2006

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Monday, October 30, 2006

Crónica anunciada

Todo lo que está pasando se ha advertido. El sistema político mexicano se está jugando el pellejo por mantener en el poder a un gobernante repudiado por la mayoría de su pueblo. Un hombre sobre el que nadie, ni sus propios cómplices priístas, se ha atrevido a defender y mucho menos a reconocer un mínimo de eficacia en su tarea de gobierno. Esa es una de las grandes paradojas de Oaxaca. Todos los gravísimos riesgos que hoy se corren no tienen justificación alguna. Salvo los intereses cortoplacistas de la politiquería más barata y ahora más cara.

Lo cierto es que hay un tigre a las puertas y nadie asume la responsabilidad de haberlo convocado. En el Senado de la República hay un silencio vergonzante. Luego de la farsa de una investigación sin destino y del fallo por la no desaparición de poderes que significó un apoyo incondicional a Ulises Ruiz, los acontecimientos se precipitaron. Envalentonado por la carta de impunidad de los senadores prianistas, el desgobernador mandó a sus paramilitares a matar y a intimidar. Los muertos de los últimos días han de cargarse a la cuota del señor Ruiz.

Una larga lista de infamias que comienza con Diódoro Carrasco -ahora convertido al panoportunismo- y sigue con José Murat para prolongarse en Ulises: desapariciones forzadas; persecuciones y asesinatos de líderes de la oposición; ataques a los medios críticos como el caso de Noticias de Oaxaca; atropellos a los derechos humanos; corrupción galopante y toda clase de crímenes que fueron la simiente para el actual estado de furia de gran parte de los ciudadanos oaxaqueños; como los maestros y los miembros de la APPO, que han sido la avanzada de una sociedad agraviada por los abusos de un poder malentendido.

Esas consideraciones elementales y la observación sobre el terreno permitieron anticipar hace apenas una semana que la de Oaxaca era una bomba de tiempo dispuesta para estallar en cuestión de días y horas. Ahora el plazo se está cumpliendo y hay un despliegue inédito de la Policía Federal Preventiva -y del Ejército disfrazado de la misma- que empieza a apretar el cerco sobre el centro histórico de la capital oaxaqueña.

Se supone que se intentará una operación quirúrgica -con observadores de derechos humanos y toda la cosa- en la que las bajas que lamentar sean mínimas. Por lo pronto, los de la APPO y los maestros han ordenado un repliegue táctico que evite cualquier enfrentamiento con los invasores. Pero la estrategia no ha variado. Las movilizaciones continuarán hasta que no se logre el objetivo incubado desde hace 163 días y explicitado desde la represión del 14 de junio: que se vaya Ulises.

Por ello, el gobierno de Fox -presionado ahora por el embajador Tony Garza, a causa de la muerte de un camarógrafo estadounidense- no puede suicidarse política y mediáticamente con la impresión de que toda esta movilización gigantesca, nunca antes vista en tiempos supuestamente democráticos, se debe a un oscuro compromiso de defender, aun con muertos y sangre, a un personaje tan siniestro como Ulises Ruiz. Que, a propósito, sigue tan campante entrando y saliendo de la Secretaría de Gobernación. Como si todo se limitara a levantar las barricadas, recuperar la plaza mayor y reabrir las escuelas. Cuando en el fondo lo que subyace es una insurrección popular y legítima que exige la salida de un gobernador espurio desde el primer momento en que se hizo de su virreinato.

Como él ya no tiene remedio, hay que presionarlo ahora por todas las vías legales y políticas para que renuncie. Se ha filtrado por ahí un acuerdo para que pida licencia después del 1 de diciembre a fin de que no haya necesidad de convocar a elecciones que pongan en riesgo el mando priísta en la entidad.

El problema es que la liga ya no puede estirarse más y se va a reventar en cualquier momento. Los soldados y los de la PFP no son ni hermanas de la caridad ni agentes de relaciones públicas. Están en Oaxaca porque tienen un entrenado oficio para contener, golpear y matar si es necesario.

El fuego y las llamas están a una chispa de distancia.

El Universal
Ricardo Rocha
Detrás de la Noticia
30 de octubre de 2006

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Thursday, October 26, 2006

Intensidad vs. maquinaria

Las campañas de Cuauhtémoc Cárdenas y la de AMLO se enfocaron en los problemas reales de la sociedad. Sin embargo, fueron derrotados por no haber tenido de su lado los recursos que tuvieron sus adversarios:

Dicotomía y similitud.

Entre México y Estados Unidos abundan las diferencias. Sin embargo, en estos días ambos países comparten una característica: la polarización de su vida política. Vale la pena ahondar en esta inesperada similitud.

Un artículo publicado el 15 de octubre por The New York Times de cara a las próximas elecciones legislativas norteamericanas, sostiene que el signo distintivo del Partido Demócrata -empeñado en revertir las políticas sociales regresivas impuestas por los republicanos y que favorecen sistemáticamente a las grandes corporaciones- es la intensidad de su compromiso y de su discurso. Tal energía se deriva de la certeza de que esta vez son ellos quienes tienen de su lado la razón moral e histórica.

En contraste, el signo distintivo de los republicanos -en el poder desde el 2000- es su identidad con prácticamente todas las causas conservadoras y con un esquema económico que está concentrando la riqueza como nunca después de la Gran Depresión. Pese a operar a favor de la minoría privilegiada, los republicanos han podido ganar tanto la Presidencia como el Congreso porque tienen lo que el diario llama "la maquinaria". En la práctica, ésta ha contrarrestado la superioridad moral de la plataforma demócrata mediante el uso de cuantiosos recursos económicos. Esa "maquinaria" les ha permitido contratar a los mejores publicistas y desarrollar campañas de radio y televisión muy efectivas, crear y operar bancos de datos y centrales telefónicas para localizar, contactar y sacar a votar a los identificados con su partido, etcétera.

Aquí

A partir del año 2000, el proceso al sur del Río Bravo se asemeja a lo que está ocurriendo al norte. En efecto, desde 1988 el discurso del PRD y de sus aliados se ha centrado en lo que, sin duda, es nuestro gran problema histórico: una estructura social particularmente desbalanceada e injusta. La añeja deserción del PRI a su compromiso con la justicia social fue el centro de las tres campañas electorales en las que se embarcó Cuauhtémoc Cárdenas (CC) entre 1988 y el 2000. En la campaña del 2006, el PRD de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) hizo aún más explícito el núcleo social de su discurso: "primero los pobres". En todos los casos, los mítines perredistas reunieron multitudes mayores que las de sus oponentes y en ellas la pasión, el compromiso y la identidad de los asistentes con sus candidatos y su discurso llegaron a dar la sensación de que la victoria podría ser para la izquierda. Y quizá lo fue tanto en 1988 como en el 2006, aunque no en 1994 y en 2000, pero al final y en todos los casos sus oponentes se alzaron con el triunfo.

Las tres derrotas acumuladas por CC y la de AMLO muestran cómo la gran intensidad del electorado de la izquierda fue anulada, por las buenas y por las malas, por "la maquinaria", aunque el resultado de la histórica elección del 2000 tiene que explicarse por una vía más compleja.

Hace seis años, Vicente Fox y el PAN se enfrentaron a un aparato priista que disponía de una larga tradición en manipulación y fraude, más considerables recursos económicos legales e ilegales -recuérdese el "Pemexgate". Sin embargo, Fox pudo imponerse por una combinación irrepetible de circunstancias: el desprestigio acumulado por el PRI, la falta de voluntad del "jefe nato" del aparato -Ernesto Zedillo- por imponer por la fuerza lo que evidentemente no se había ganado en las urnas, el entusiasmo por el PAN de una parte importante de los llamados "poderes fácticos", recursos importantes provenientes de ese sector vía los "Amigos de Fox" y, finalmente, una buena dosis de intensidad inyectada por el candidato neopanista gracias a un discurso desbordante de optimismo, cuyo blanco era la corrupción del PRI y en favor de una nueva moral.

En suma, hace seis años la poderosa pero desmoralizada "maquinaria" del PRI fue derrotada por la combinación de la intensidad democrática con el principio de una "contramaquinaria" armada por los foxistas, antiguos administradores de empresas metidos a políticos. El voto útil que parte de la izquierda dio entonces a Fox se explica porque la intensidad, la emoción, generada por la proximidad del fin del autoritarismo, desbordó las viejas reticencias ideológicas de los progresistas frente al PAN.

El 2006

En las últimas elecciones, AMLO destacó como el líder más carismático -el único-, capaz de despertar una enorme intensidad en el compromiso de sus seguidores, como se demostró cuando la gran movilización en su apoyo obligó al Presidente a dar marcha atrás en su audaz proyecto de transformar en desafuero un supuesto retraso de AMLO en acatar la orden de un juez para suspender la apertura de una calle que buscaba dar acceso a un hospital.

Como en el caso de CC, la campaña de AMLO fue de mítines multitudinarios a cielo abierto, donde la viveza de la emoción política de masas o individuos estuvo siempre a flor de piel. Desde luego que el PRD también contó ya con recursos públicos para crear y mantener una "maquinaria" propia, pero de ninguna manera similar al aparato que montaron sus rivales del PRI y PAN. Al final, AMLO apostó por "la gente" y a que una victoria de la derecha en un país tan injusto como México no era posible. La certeza de que la intensidad era la virtud suprema de una campaña electoral llevó a que la izquierda descuidara en el 2006 su incipiente "maquinaria", lo que contribuyó -entre otros factores- a su derrota por medio punto porcentual.

La máquina panista

En las elecciones del 2006, el PRI volvió a echar a andar su vieja maquinaria pero sin contar ya con el apoyo presidencial. El resultado fue un desastre histórico. El PAN, por su lado, no tuvo ni gran discurso ni un líder que entusiasmara fuera de los círculos panistas tradicionales. Sin embargo, Acción Nacional supo y pudo crear una gran, sorprendente, maquinaria y combinarla, en una operación impecable de pinza, con lo que quedaba del poder presidencial. El resultado fue el pequeño pero decisivo margen de la victoria.

La maquinaria panista combinó recursos materiales muy superiores a los del PRD -a sus prerrogativas sumó apoyos como los del Consejo Coordinador Empresarial- con una buena estrategia de mercado. Consciente de que más del 60 por ciento de los mexicanos obtiene su información política exclusivamente de la televisión, el PAN contrató expertos para neutralizar el discurso optimista de AMLO con uno muy efectivo del miedo al cambio. El PAN negoció una alianza estratégica con la estructura corporativa más importante de todas las creadas por el PRI: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), encabezado por uno de los cuadros más tradicionales y astutos del viejo régimen: Elba Esther Gordillo (EEG), que abandonó al PRI y se puso al servicio de Felipe Calderón. Particularmente importantes fueron los contactos de EEG con la estructura directiva del IFE para asumir el control de aquellas casillas donde el PRD no pudo o no supo tener una representación efectiva y confiable. El SNTE también creó un partido corporativo que dividió muy bien su trabajo, a nivel presidencial le dio sus votos al PAN (1 millón), pero se quedó con todos al nivel legislativo. A lo anterior hay que añadir los 456 mil mensajes presidenciales pasados por radio y televisión entre enero y mayo de este año y que sirvieron para atacar sistemáticamente, y desde la más alta tribuna política, a AMLO.

La "maquinaria" contó con el apoyo más o menos abierto de un IFE sin consejeros afines al PRD que, al no detener la campaña que presentaba a AMLO como "un peligro para México", benefició al PAN, como también lo favoreció el día de la elección -recuérdese su "peculiar" manejo del PREP- y en los cruciales días posteriores. La "maquinaria" también tuvo de su parte a la totalidad del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), que se negó al recuento de los votos a pesar de lo cerrado de la elección y de haberse demostrado que en aquellas pocas casillas en que sí se abrieron los paquetes electorales, había inconsistencias significativas para el resultado. Por cierto, la renovación del TEPJF -una de las instituciones legales con la mejor remuneración para sus miembros en el mundo- amenaza con hacerse de tal modo que vuelva a operar en el futuro como lo hizo en el 2006.

En suma

Como en Estados Unidos en el último par de elecciones, en México la intensidad y el discurso con contenido social han sido derrotados por "la maquinaria" de los conservadores. La lección es clara: con entusiasmo, discurso coherente y razón histórica pero sin "maquinaria", la democracia política es un instrumento poco adecuado para los intereses de la mayoría.

-Lorenzo Meyer, reforma.com.mx-

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Friday, October 20, 2006

Gargantas profundas

Nuevos expedientes desclasificados de la CIA muestran cómo tres presidentes mexicanos trabajaron a favor de intereses de Estados Unidos.

WASHINGTON.- Si hace 30 años Philip Agee, un desertor de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), mostró las miserias del poder en México al revelar que los presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría colaboraron directa e intensamente con el espionaje estadounidense, el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington profundizó esta semana las heridas. No sólo fueron dos presidentes, sino al menos tres quienes lo hicieron, y no fueron pasivos ante una vasta red de espionaje en territorio mexicano, sino contribuyeron ampliamente en la construcción de México como un importante aliado en la Guerra Fría .

Un nuevo paquete de documentos desclasificados sobre las operaciones de la CIA en México de 1947, año en que se funda en Estados Unidos, a 1968, dibuja el recorrido del Proyecto Litempo, la red de espionaje que se extendía desde las oficinas más altas del poder, hasta el reclutamiento de amas de casa, pasando por jefes policiacos, profesores, estudiantes, vendedores, corredores de bienes raíces, secretarias y una variedad de personajes que incluían a una corresponsal estadounidense en México a quien le encargaron la vigilancia de los exiliados guatemaltecos, y a un jugador de futbol americano de los Pumas, quien reportaba sobre actividades en la UNAM.
Estos nuevos informes abrieron también la puerta de 263 páginas, una tercera parte de tres volúmenes sobre La Historia Secreta de la CIA en México, que se encuentra en el archivo Russ Holmes sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy patrocinado por la Fundación Mary Ferrell, que es clave para entender los años duros de la Guerra Fría.

Los archivos están muy expurgados, lo que obliga a hacer una arqueología con otras fuentes de información para darse una idea de lo vasto y profundo de la red de espionaje, que en realidad comienza cinco años antes de que nazca la CIA, cuando el FBI abrió su primera oficina en México en 1942, en el segundo piso de un edificio del número 85 en la calle Londres, frente a donde se encontraba la Embajada de EU y la residencia de su embajador. Había entre 25 y 30 agentes, que para cuando la CIA llegó al cenit de la Guerra Fría, llegarían a ser 400 en México, convirtiéndola en la segunda estación más grande, después de Viena, en el mundo occidental.

Por México pasaron algunas de las leyendas del espionaje estadounidense como E. Howard Hunt, quien en 1950 abrió la Oficina de Coordinación Política de la agencia en Monterrey, y que 22 años después reclutó a los cubanos que fueron descubiertos cuando espiaban en el cuartel general del Partido Demócrata en el edificio Watergate, que provocaría la renuncia del presidente Richard Nixon. También estuvo a mediados de los 60 David Atlee Philips, que se había hecho cargo del derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala, y que años después se convirtió en el jefe para América Latina de la CIA, desde donde supervisó el trabajo de Terrence Leonhardy, a quien la guerrilla secuestró y ejecutó en los 70 en Guadalajara mientras se hacía pasar por cónsul. Pero nadie tan audaz como Winston Scott, homónimo de uno de los generales que invadieron México décadas antes, quien reclutó a Díaz Ordaz, a quien le hizo onerosos regalos y convirtió en su compadre, colocó en la nómina a Echeverría -como reveló Bob Woodward en The Washington Post en la primavera de 1977-, y trabajó con Adolfo López Mateos para que prestara los aeropuertos de Cozumel y Chetumal como respaldo para la operación aérea -que nunca se aprobó- en la frustrada invasión de bahía de Cochinos en 1961, y que le permitiera instalar otra base en el aeropuerto de Mérida para apoyar una eventual operación paramilitar en Cuba en 1963.

La historia de la CIA fue elaborada por Ann Goodpasture, que trabajó con Scott en México, y que deja entrever sólo a través del índice no mutilado de instituciones parte de las operaciones de inteligencia. Aparecen todos los partidos de la época, con el PRI y el PAN a la cabeza, pero también figura, inclusive como una de las prioridades de la agencia a través de los años, el Partido Comunista Mexicano y varios de sus líderes prominentes, cuyos nombres fueron censurados. Un expediente desclasificado hace tiempo por el FBI llamado COINTELPRO, revelaba que habían espiado a Valentín Campa, Demetrio Vallejo y Arnoldo Martínez Verdugo, así como al Movimiento de Liberación Nacional -cuyo nombre sí se encuentra en el índice de la historia secreta de la CIA- y a varios de sus inspiradores, como Heberto Castillo y Carlos Fuentes. Se encuentra también el nombre del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), algunos de cuyos miembros, en particular articulistas en periódicos, colaboraron con la CIA.

COINTELPRO muestra cómo plantaron propaganda en Excélsior en los 50, y el Servicio de Información de la embajada, según los archivos de la CIA, continuó con la desinformación en la prensa mexicana cuando menos en los 60 y 70.

Aunque la documentación puesta en internet por el Archivo de Seguridad Nacional desde este miércoles pone el énfasis en la mala información que proporcionó la CIA sobre los acontecimientos de 1968, el análisis cruzado con los expedientes de la Fundación Mary Ferrell aportan mayor riqueza al conocimiento de las traiciones en México. Por ejemplo, Echeverría autorizó, como secretario de Gobernación, que la CIA tomara fotografías de todos los pasajeros provenientes de Cuba y permitió una operación de espionaje telefónico, llamada "Lifeat" dirigida en contra de las embajadas de la Unión Soviética, Checoslovaquia y Polonia. La batalla contra el KGB y el DRU, la inteligencia militar soviética, se extendió a las universidades, en particular la UNAM y la Universidad de las Américas, donde los estadounidenses reclutaron agentes dobles soviéticos en las escuelas de idiomas.

Los nuevos expedientes son un importante agregado a una larga historia de traiciones a México por parte de sus gobernantes. Marcan un periodo específico, pero no quedaron ahí sus actividades. Estas continuaron con el secretario de Gobernación en turno llevando generalmente la relación con el jefe de la CIA en México, aunque durante el gobierno de Carlos Salinas, hubo una duplicidad de manejo al tenerla Fernando Gutiérrez Barrios, quien trabajó para ellos como doble agente, y el superasesor presidencial, José Córdoba. Con la caída del Muro de Berlín, los énfasis de inteligencia se modificaron en Estados Unidos y cayó la importancia estratégica de México. Los nuevos desafíos en terrorismo y narcotráfico han colocado la relación en otro nivel, aunque se puede presumir que traidores, entendiéndose aquellos que por convicción o dinero rinden la soberanía mexicana, deben seguir activos y muy vigentes hoy en día.

El Universal
Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
20 de octubre de 2006

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